Kendrick
Lamar, con tan solo 30 años, le ha regalado al Hip Hop el mayor reconocimiento oficial de su historia, me refiero
a que este género finalmente fue invitado a sentarse a la mesa junto con las
“artes mayores”.
El hip hop, nacido como un arte urbano,
tuvo desde su origen 4 elementos principales: el DJ (con las tornamesas y vinilos para crear las bases rítmicas); el
rapero (MC o Master of Ceremonies, con el micrófono y las rimas); la lata de
aerosol o el graffiti, y el break dancing. Tenemos
danza, poesía, arte visual y música.
Estos 4
elementos forjaron el género más influyente en la música pop desde la aparición
del jazz. El hip hop es una industria multimillonaria que atrapa cada día más
adeptos, la mayoría de forma incidental. Los orígenes del género se remontan
oficialmente al lanzamiento de la canción “Rapper’s Delight” de Sugar Hill Gang
en 1980.
38 años
de vida oficiales, más los que estuvo en la incubadora. Desde hace ya varios
años, el hip hop aparece en todas las
listas de éxitos. Ya sea de forma directa o como influencia. Desde el malhadado
reggaeton, hasta el último disco de
David Bowie, Black Star, en este caso
Bowie declaró que el disco que más escuchó en 2014 fue To Pimp a Butterfly, ni más ni menos que de Kendrick Lamar,
flamante premio Pulitzer 2018.
Quizá
arranqué muy osado al declarar al rap
como poesía. Rimar no significa poetizar, dirán. De acuerdo. Pero tenemos el
fresco antecedente de Bob Dylan. Casi la misma disputa, pero más extrema. Si
darle el premio Nobel de literatura a un compositor y cantante de música folk ruborizó a más de un académico, qué
puede esperarse de esta presea otorgada al originario de Compton, el señor
Kendrick Lamar.
Rimar no
es hacer poesía, estamos de acuerdo, pero hay algo en las letras que componen DAMN., el disco galardonado, que no
pueden catalogarse como esa artesanía comercial a la que estamos acostumbrados y
que sirve sólo para entretenernos. Lamar, como Dylan, como el poeta que quieran
proponer como ejemplo, estudian la condición humana y parten de su visión de
mundo para otorgarnos piezas en verso que atienden preocupaciones humanas
universales. Todo esto con gran maestría.
Métrica,
verso, rima, figuras poéticas, referencias culturales… todo esto forma un
testimonio que este joven nos ha entregado en forma de álbum, llamado DAMN. Una popular interjección usada por
la comunidad afroamericana, es como decir: “¡Maldición!”, aunque no
precisamente. Refleja enojo, sorpresa, aprobación o desencanto dependiendo del
contexto.
Damned if I do, if I don't
Goddamn us all if you won't
Damn, damn, damn, it's a goddamn shame
You ain't front in line, get out the goddamn way
Este
puente del tema “ELEMENT.” ejemplifica el uso de esta palabra y presenta un
resumen del tópico de la canción: la lucha entre el mundo violento y
glorificado del hip hop y la visión
de un originario de Compton (Los Ángeles). Un canto furioso ante la realidad
que abraza sus orígenes y se pelea con los estereotipos que ciegan y adormecen
la capacidad reflexiva de su generación.
DAMN. constituye un tratado sobre diferentes asuntos.
Cada tema es nombrado por una palabra, un concepto y el desarrollo del mismo
constituye el viaje de este álbum. 14 canciones y 14 ensayos. Un documento
imprescindible para conocer el estado actual del hip hop, de la juventud afroamericana, de la cultura pop y de las
preocupaciones e intereses de la infravalorada generación millenial.
Kendrick
Lamar es ahora mismo considerado como uno de los mejores raperos de la
historia. Es una declaración temeraria. El hecho de que se le haya otorgado
este premio no significa que sea el primer exponente de un rap profundo,
complejo, elaborado y artístico. Lamar descansa en hombros de gigantes como
Tupac Shakur, Notorius B.I.G., Nas, Rakim, Ice Cube, Common, Snoop Dog y un
largo etcétera. Todos ellos pueden considerarse poetas y cada uno de ellos
cumplen con la justificación que publicó el Pultizer al premiar a Kendrick
Lamar:
“Una colección
virtuosa de canciones unificadas por su autenticidad vernácula y dinamismo
rítmico que ofrece anécdotas que tratan la complejidad de la vida afroamericana
moderna”.
Consciente
del legado de los citados raperos, así como de la música soul de la que abreva el hip hop
para sus bases rítmicas, DAMN. comienza
con un pequeño preludio llamado “BLOOD.”
Una música que nos recuerda a Marvin Gaye y la voz de Kendrick narrando una
pequeña historia, no rapeando, platicando como Gil Scott-Heron en “The
Revolution Will Not Be Televised”.
Así que, fui a caminar el otro día
Y vi a una mujer, una mujer ciega
Subiendo y bajando de la acera
Parecía estar un tanto frustrada
Como si se le hubiera caído algo y
Estuviera batallando por encontrarlo
Así que, después de verla por un rato
Decidí ir hacia ella y ofrecerle ayuda,
¿saben?
“Hola, señora. Puedo ayudarla
Me parece que ha perdido algo
¿Quiere que le ayude a encontrarlo?”
Ella contestó: “Oh, sí. Has perdido algo.
Has perdido… tu vida”
Y el sonido de un disparo interrumpe la
música y la voz.
El disco
tiene dos temas que resumen la poética del angelino: “DNA.” y “HUMBLE.”
El
primero es una pieza frenética que demuestra la capacidad de vocalización de
Lamar, así como su maestría para resumir sus conceptos en sentencias breves,
haikus furiosos que caen uno tras otro a la velocidad de una ametralladora:
Tengo lealtad,
tengo realeza en mi ADN
Cocaína, guerra y
paz en mi ADN
Tengo poder,
veneno, dolor y gozo en mi ADN
Tengo luchas y
ambición fluyendo en mi ADN
“HUMBLE.”
es una crítica al oropel que envuelve la vida digital, la manera como se valoran
la popularidad, la belleza, la felicidad y la convivencia en el mundo de las
redes sociales. El yo lírico grita desesperado buscándole sentido a lo que ve a
través de la pantalla de su celular:
Estoy tan pinche
harto y cansado del Photoshop
Muéstrenme algo
natural como el afro de Richard Pryor
Muéstrenme algo
natural como unas nalgas con algunas estrías
Esto es una
locura, ay, no logran sorprenderme, ay
El hip hop, antes que Kendrick Lamar, fue
premiado con el Pulitzer. Después del triunfo de Bob Dylan con el Nobel de literatura
queda clara la tendencia de borrar la barrera imaginaria, absurda y arraigada
entre la “alta cultura” y la “cultura popular”. Si algo tienen de bueno estos
reconocimientos es la voluntad de acercar a todo público a valorar las
expresiones artísticas, asó como la flexibilidad de la crítica para aceptar que
no sólo en los libros hay poesía.
Este compositor y artista vuelve a poner a Compton en el mapa, luego
del éxito rotundo de la película Straight
Out of Compton, biografía del grupo N.W.A. (Niggaz With Attitude) que
encumbró a Ice Cube, Eazy E y Dr. Dre, misma que motivó una pésima película biográfica
sobre la vida de Tupac Shakur y algunas series documentales sobre el nacimiento
y apogeo del género del hip hop (The Defiant Ones y Death Row Chronicles, producidas por HBO y BET,
respectivamente).
Al mismo tiempo parece renovar el género en su conjunto otorgándole una suerte
de seriedad que, si bien ya tenía por méritos propios, no había sido
oficializada.
El
primer artista pop en ganar este premio es también el primero en tener la
fortuna de darle su lugar al hip hop.
Más y quizá mejores raperos que él hay la historia de este género y algunos
otros vendrán después de él. El hecho de que esta plática se genere promueve
que el nuevo video de Childish Gambino, “This is America”, genere una discusión
seria en medios especializados.
Lo que
empezó como una carta del FBI a N.W.A. conminándolos a no tocar temas como
“Fuck the Police”, culmina hoy con un importante galardón que pone las cosas en
su lugar.





Comentarios
Publicar un comentario